Mostrando las entradas con la etiqueta Misceláneo. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Misceláneo. Mostrar todas las entradas

16 de febrero de 2007

El Asombro Y El Eterno Retorno O No Ticket No Laundry

Cuando era muy pequeña mi mamá utilizaba una estrategia bastante eficaz y útil para los bebés de la clase media (más bien tirándole a baja, como en mi caso); la estrategia consistía en esconder por algún período de tiempo algunos de los juguetes míos y después de unos días volvermelos a dar: La sorpresa era clara, el asombro indescriptible. Yo estrenaba juguetes cada semana cuando mucho cada 15 días. Cuando ya mayor mi mamá me contaba sus esstrategias para no ser una niña latosa, frustrada y aburrida (incluyendo el resistol en las manos, pero esa es otra historia) no pude más que sorprenderme del ingenio, que maravilloso és cuando algo retorna, pero retorna de tan lejos, del olvido que es como si nunca hubiera existido y nos sorprende.

Me parece que es el mismo fenómeno que uno experimenta cuando encuentra dinero en el bolsillo de un pantalón, o en el fondo de alguna bolsa, es el dinero que ya fue nuestro, y que regresa a salvarnos en un final de quincena.

Ayer recogí la ropa en la lavandería, una de las encargadas se acercó y me dijo: "Te vas a llevar también la otra?? "
Yo: "Cuál otra?"
Ella: "La que trajo ""tu esposo"" en diciembre....

Y ahí estaba yo saliendo de la lavandería con dos paquetes de ropa en vez de uno, con dos billetes menos en vez de uno y con un pantalón, dos blusas y varios calzones para estrenar.

1 de diciembre de 2006

Pena Ajena

Creo que en cierta forma es heredada, o se la inculcan a uno desde muy niña y para estas fechas uno termina confundiéndola con la herencia. El punto es que yo recuerdo que la empecé a sentir en los concursos de declamación, cuando el inspirado participante se arrojaba al suelo y levantaba sus manos de manera dramática al cielo y decía con voz más que desgarradora y elevándola casi al grito:"Mamá, soy Paquito, no haré travesuras". El sentimiento que venía después era un enchinamiento completo de la piel (piloerección le llaman) y un dolor en el estómago como si se hubiera vaciado de pronto y el intento (casi siempre inútil) de mi conciencia por pensar en otra cosa para que la sensaciòn del estómago no se pase a la cara y se haga evidente se convertía en una verdadera lucha, casi siempre derivando en una risita nerviosa que para las circunstancias no resultaba ser lo más adecuando. Recuerdo que lo sentí después cuando Alejandra lloró ante el director de la secundaria por que no era popular, no tenía amigos, nadie la seguía y todos la atacaban (me estaba culpando a mí, esa es otra historia). La sentí constantemente cuando la gente hablaba de sus experiencias con Dios (frases como: me transformó el Espíritu Santo, Cristo me salvó,etc) o cuando alguien declaraba amor en público de una manera peculiar, no se describir exactamente, cuando lo hacían creo de manera exhibicionista ("a Mi madre, a quien le debo la vida...").
En varias ocasiones de mi vida se ha repetido, cuando alguien llora en público, cuando el suegro de mi primo se pone a cantar para la audiencia que no lo ha solicitado (y a falta de pista se acompaña de fanfarreas hechas por el mismo: "tan tararàn , tan tararàn psst"), cuando la mujer extranjera hace un discurso de hoteleria segura de sí misma para que cuando termine le corrijan hasta las comas, pues no tenía ni puta idea de lo que hablaba, cuando los diputados del congreso se jalonean, rechiflan, duermen juntos, cantan y comparten la tamaliza en nuestro recinto legislativo...

1 de noviembre de 2006

Luzco como una persona a la que se le pueden ofrecer tarjetas de crédito en los supermercados. Eso no pasaba hace unos meses...... en algún punto perdí el camino.