Llegó a casa como por accidente. Coincidió que mi papá tenía que dar un banquete. Coincidió que ella había perdido el trabajo en "Los Flamingos". Coincidió también que después del banquete la necesitamos en casa.
La sirvienta... era el nombre que le dábamos a quien se ocupaba de ese trabajo; y la sirvienta fue el nombre que le dimos a ella.
Sin embargo Doña Luz fue entrando lentamente en nuestras vidas, lento como caminaba, lenta y sigilosamente como entraba a nuestra casa cada mañana.
Y se formaron rituales (hábitos también les dicen) en los que ella se volvió imprescindible: muñeca ladrando desde el primer momento que ella entraba a la casa... todos los días... las plantas del patio que crecían, verdeaban y floreaban solo bajo sus cuidados y regaños. Y la exquisita comida.
Siempre me llamaba, ya estuviera yo viendo la televisión, haciendo la tarea, cualquier cosa, para probar lo que estaba haciendo. Ella sabía que mi debilidad era "meter los dedos" en la olla. Yo sabía que su debilidad era que "le chulearan" su comida.
Como fueron pasando los años se fueron haciendo cotidianos los tamales de chipilín, los frijoles de la olla, el mole y los chiles rellenos que no picaban nada, las aguas frescas, el arroz rojo, el pollo asado casero.
Se fueron haciendo cotidianos también los trastes de Doña Luz, que a diferencia de los que habían en casa (utensilios de alta cocina de acero inoxidable que usaba mi papá) aportaban a los guisos la calidez y el sazón del barro, la madera y la edad. "Haga los frijoles en la olla presto" insistía mi papá, "los hace en un ratito y no gasta tanto gas". Pero ella sabía que la lentitud de su olla de barro, cociendo los frijoles toda la mañana, inundando la casa con olor a chipilín era ingrediente básico de nuestra comida, de nuestra casa.
La sirvienta, era el nombre que le dábamos a quién se ocupaba de ese trabajo. Para ella no era un trabajo, para nosotros dejó de serlo con el tiempo y se volvió sencillamente Doña Luz.
Nunca quiso sentarse con nosotros a la mesa, había que insistirle. Había que insistirle también para que fuera al médico si se enfermaba...
Fue envejeciendo a nuestro lado, en nuestra casa.
Llegó un momento en que únicamente cocinaba y atendía las plantas, hubo que pagar a alguien que le ayudara con el resto, hubo que contratar a una sirvienta.
Llegó a casa como por accidente, casi como por accidente se fue.
Tres médicos la vieron. Los dos primeros no encontraron que tenía, el tecer médico lo encontró sin darse cuenta o sin darnos cuenta a nosotros de la gravedad de su estado. -Hepatitis- dijo- únicamente vitaminas y dieta.
Se quedó en su casa. Tenía mucho dolor y cansancio y un color amarillo que mezclado con el oscuro cenizo de su piel daba un color de muerte.
Estaba animada, fuimos a verla ese día, a llevarle más vitaminas, a reanimarla. Estaba de pie, feliz de verme (yo no vivía más ahí, estaba de vacaciones), lloraba de la emoción.
Dijo que sentía que moriría, mi mamá la tranquilizó. No podía ser, ya estaba siendo atendida. Mi mamá había pagado un médico especialista para que la atendiera, después de que ninguno de los médicos del servicio público pudo ayudarla.
Esa noche murió. Una mezcla de sentimientos se desataron cuando mi mamá entró al cuarto esa madrugada.
Lloramos. Nos llenó la tristeza. -¿Qué te pasa? ¿Qué tienes?- Murió Doña Luz- ¿Quién era? - Pues ella era... ¿la sirvienta? ¿la señora que trabajaba en mi casa? ¿Mi nana? (tengo 21 años!)
No hubo palabras, murió Doña Luz. Así sin explicaciones. Así como por accidente. Así como llegó.
¿Cuál es el nombre que se le da a quien cuidó de ti, de tus plantas, de los tuyos? ¿Qué nombre tiene quien estaba en casa, sin palabras sabias ni consejos de vida, pero con una buena sopa de lentejas que te cambiaba la existencia, o unos duraznos en almíbar con propiedades terapeúticas?
Qué pobre es el lenguaje a veces, que no tiene la palabra para explicar, para explicarla a ella. Que rico y qué ingenuo es a veces, que de forma azarosa la llamó desde siempre lo que siempre fue: Doña Luz.
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18 de junio de 2008
4 de junio de 2008
La Banda Sonora De Lo Que Viví
Escena: La carretera la sepultura después de casi tres horas de viaje, calor, ella mareada, las dos ansiosas pues llegaremos al mar (desde la sepultura podía verse), viajando en la parte trasera del auto que entonces era enorme. Mi papá maneja, mi mamá nos mantiene entretenidas: hay que encontrar palabras en la carretera con la A... con la B....
Y suena:
" Ok, tiene la voz de puto el que no cante: Estoy esperando mi camión en la terminal del ADO...."
Y suena:
" Ok, tiene la voz de puto el que no cante: Estoy esperando mi camión en la terminal del ADO...."
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19 de marzo de 2007
Cómplices I
La charla familiar de café todas las noches. Y es que en esa época, llegaban a mi casa todas las noches, a cenar, a tomar café, a asegurarse de que no nos faltara nada, de que estuviéramos bien. Casi siempre la charla era de política, del trabajo, a veces, narraban historias divertidas de cuándo eran más jóvenes, de cuando mi abuela vivía, de viajes o de travesuras de infancia, y yo que en aquel entonces no entendía mucho ni de política, ni de trabajo, ni de situaciones del país (cosa que no ha cambiado mucho) prefería estas charlas y suplicaba a mi mamá cuando me mandaba dormir para quedarme a escucharlas.
Esa noche empezó uno de los tíos: "realmente es una bajeza, los he visto y el niño escupe en la casa y dice groserías".
Alguien más:" me parece que es un crítica a la sociedad americana, el problema es que no es un programa para niños, pero en México lo estan pasando en horario infantil"
Al escuchar esto me helé, sabía la importancia de las opiniones de los tíos en mi familia, y con miedo lo ví de reojo, esperando su reacción. No hubo tal, ante los comentarios se abstuvo y solo me dirigió una mirada que hoy me es indescriptible, una mirada que me decía: tranquila, no va a pasar nada, pero no me veas más para que no sospechen, pero que decía todo esto en cuestión de fracciones de segundo, y retiró sus ojos y sorbió su café.
Díficilmente puedo traer a la mente un recuerdo tan feliz como aquel donde mi padre, mi hermana y yo reímos a carcajadas mientras Homero cae una y otra vez por el gran cañón... a las 7 de la noche, en el horario infantil.
Esa noche empezó uno de los tíos: "realmente es una bajeza, los he visto y el niño escupe en la casa y dice groserías".
Alguien más:" me parece que es un crítica a la sociedad americana, el problema es que no es un programa para niños, pero en México lo estan pasando en horario infantil"
Al escuchar esto me helé, sabía la importancia de las opiniones de los tíos en mi familia, y con miedo lo ví de reojo, esperando su reacción. No hubo tal, ante los comentarios se abstuvo y solo me dirigió una mirada que hoy me es indescriptible, una mirada que me decía: tranquila, no va a pasar nada, pero no me veas más para que no sospechen, pero que decía todo esto en cuestión de fracciones de segundo, y retiró sus ojos y sorbió su café.
Díficilmente puedo traer a la mente un recuerdo tan feliz como aquel donde mi padre, mi hermana y yo reímos a carcajadas mientras Homero cae una y otra vez por el gran cañón... a las 7 de la noche, en el horario infantil.
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23 de febrero de 2007
Where Have All The Flowers Gone?
Fui a buscarTE, creo que fui más bien a buscarNOS, en verdad creo que no supe lo que estaba buscando a ciencia cierta.
Y en vez de encontraTe, sucedió que encontreLOS. Y la cuestión no fue solo de tu lado, tampoco era yo la que te buscaba, ahora éramos nosotros buscándote... perdón, buscándolos.
Qué quería yo encontrar realmente? Quería encontrar eso que estuvimos platicando, recordando las hazañas, las complicidades, algunas solo las pensé (las pensamos??) los otros no entenderían. Míseramente solamente pudimos remembrarlas, narrarlas como buenos tiempos, pero no hicimos del encuentro ninguna hazaña, nada que pueda ser narrado con sonrisas, con nostalgia.
Podía yo encontrar eso que quería? Qué tonta, qué ingenua, eso ya no existe, ya no es de este tiempo, antes éramos tu y yo prostituyendónos por un café, sobornando a un policía con 20 pesos, sentados en un oxxo a las 3 de la mañana.... fue penoso incluso decirlo, eso no significa nada para nadie, ni siquiera para los otros que compartían la mesa con nosotros, los que ahora comparten nuestra existencia.
Ya no pude llamarte, no quise llamarte con él, no quise que respondieras con ella, además... qué iba a decirte?? "Bueno, ahora sí, ya cuéntame quién eres ahora?"
My Friend of Misery, espero que nuestro paisaje nos esté esperando intacto (un oxxo en una calle oscura a las 3 de la mañana??) pero no sé hasta que punto está intacto sin nosotros...
Y en vez de encontraTe, sucedió que encontreLOS. Y la cuestión no fue solo de tu lado, tampoco era yo la que te buscaba, ahora éramos nosotros buscándote... perdón, buscándolos.
Qué quería yo encontrar realmente? Quería encontrar eso que estuvimos platicando, recordando las hazañas, las complicidades, algunas solo las pensé (las pensamos??) los otros no entenderían. Míseramente solamente pudimos remembrarlas, narrarlas como buenos tiempos, pero no hicimos del encuentro ninguna hazaña, nada que pueda ser narrado con sonrisas, con nostalgia.
Podía yo encontrar eso que quería? Qué tonta, qué ingenua, eso ya no existe, ya no es de este tiempo, antes éramos tu y yo prostituyendónos por un café, sobornando a un policía con 20 pesos, sentados en un oxxo a las 3 de la mañana.... fue penoso incluso decirlo, eso no significa nada para nadie, ni siquiera para los otros que compartían la mesa con nosotros, los que ahora comparten nuestra existencia.
Ya no pude llamarte, no quise llamarte con él, no quise que respondieras con ella, además... qué iba a decirte?? "Bueno, ahora sí, ya cuéntame quién eres ahora?"
Qué lejos me siento, qué ajena, qué vergüenza me da mirarme a veces tan lejos de los qué eramos ahí, entonces.
My Friend of Misery, espero que nuestro paisaje nos esté esperando intacto (un oxxo en una calle oscura a las 3 de la mañana??) pero no sé hasta que punto está intacto sin nosotros...
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16 de febrero de 2007
1 de diciembre de 2006
Tocaba Para Mi

Estaba llegando con el tiempo justo, por suerte esta vez si encontré rápido donde estacionarme y en el lado que me gusta, pegado al jardín. Estaba acomodando el auto, cuando lo escuché por primera vez, fue un sonido grave, largo, después siguió uno agudo, largo también. Lo busqué con la mirada, estba justo en el jardín, frente a una banca (blanca, clásica del "parque central"). Cuando lo encontré limipiaba parte de su instrumento con una franela roja y volvió a tocar. Tuve que bajarme, estaba llegando con el tiempo justo, la semana pasada me llamaron la atención por llegar tarde, no podía quedarme. Caminé hacia el trabajo, mientras buscaba en mi bolsa la credencial y empezaba a escuchar las primeras notas de una melodía sencilla. No pude evitar pensar en el cuento que un día nos contamos, el cuento en que toda una orquesta tocaba sólo para mí...
Basado en una historia real de
El poodle que nunca estuvo
a eso de las
6:27 p.m.
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