Mostrando las entradas con la etiqueta Cómplices. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Cómplices. Mostrar todas las entradas

5 de marzo de 2008

Cómplices II


Era la época en que ella trabajaba todo el día. Llegaba por lo regular tan tarde que nosotras ya dormíamos. Pero eso no impedía que habláramos. Ella siempre buscaba la forma de hablar, de convivir con nosotras aunque sea un rato. Y el rato que podía, era muy temprano en la mañana, al desayuno antes de ir a la escuela. Aunque ella llegara de madrugada, despertaba antes de las 6 para preparar el desayuno.
Lo cierto es que nosotras no desayunábamos así lo que se dice desayunar, y es que, a quién le da hambre a las 6 de la mañana? , y lo cierto también era que ella no sabe cocinar. Por lo que los desayunos de esa época eran una conjunción de sacrificios y buenas intenciones familiares.

Esa mañana el desayuno eran quesadillas. Bajamos de la habitación sintiendo un olor... a carbón. Llegamos muy dispuestas al desayuno y a la conversación detallada de nuestro día (el anterior, claro). Y estaba ella de pie, sartén en mano volteando a nosotras con una gran sonrisa:

-A quién le gusta lo quemadito?

Mi hermana y yo nos volteamos a ver casi con compasión:

-A ella...

Dijimos al unísono mientras nos señalabamos mutuamente, seguidas de una sonora carcajada de las tres.

21 de mayo de 2007

Café Con Cuerpo, Café Con Voz


Yo siempre me he jactado de ser una bebedora de café. En el castillo de la Reyna, no se puede beber café negro hasta que eres un adulto, es como un rito. Si ya te dejan beber café negro, entonces ya no eres un niño, los niños lo toman con leche. Para ser muy honestos yo nunca aprendí a beberlo sin azúcar, pero sí negro.


Con el tiempo me fuí haciendo más aguda: conocer cuando el café es viejo, cuando es "nescafé", cuando lo tostaron mucho, cuando lo quemaron en la cafetera, e incluso a hacer buen café.


Fui refinando mi gusto, conociendo que tipo de tostado me gustaba más, que tipo de grano, que tipo de cultivo...


Pero el conocimiento, el "insigth" más grande, vino ahora con esta soledad: yo prefiero el café con vos.

19 de marzo de 2007

Cómplices I

La charla familiar de café todas las noches. Y es que en esa época, llegaban a mi casa todas las noches, a cenar, a tomar café, a asegurarse de que no nos faltara nada, de que estuviéramos bien. Casi siempre la charla era de política, del trabajo, a veces, narraban historias divertidas de cuándo eran más jóvenes, de cuando mi abuela vivía, de viajes o de travesuras de infancia, y yo que en aquel entonces no entendía mucho ni de política, ni de trabajo, ni de situaciones del país (cosa que no ha cambiado mucho) prefería estas charlas y suplicaba a mi mamá cuando me mandaba dormir para quedarme a escucharlas.

Esa noche empezó uno de los tíos: "realmente es una bajeza, los he visto y el niño escupe en la casa y dice groserías".
Alguien más:" me parece que es un crítica a la sociedad americana, el problema es que no es un programa para niños, pero en México lo estan pasando en horario infantil"

Al escuchar esto me helé, sabía la importancia de las opiniones de los tíos en mi familia, y con miedo lo ví de reojo, esperando su reacción. No hubo tal, ante los comentarios se abstuvo y solo me dirigió una mirada que hoy me es indescriptible, una mirada que me decía: tranquila, no va a pasar nada, pero no me veas más para que no sospechen, pero que decía todo esto en cuestión de fracciones de segundo, y retiró sus ojos y sorbió su café.

Díficilmente puedo traer a la mente un recuerdo tan feliz como aquel donde mi padre, mi hermana y yo reímos a carcajadas mientras Homero cae una y otra vez por el gran cañón... a las 7 de la noche, en el horario infantil.