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29 de septiembre de 2008

No Te Salves

Me dolió. Me dolió por la proximidad geográfica, que se vuelve también proximidad social. Me dolió por que a pesar de los esfuerzos de los medios y gobiernos, de compañeros de trabajo apáticos, de argumentos del estilo "los pobres son pobres por que quieren", a pesar de eso, aún siento indignación por cosas como estas.
Me impactó la proximidad probabilística. Me impactó lo azaroso que fue, que tú tuvieras flojera y frío, que yo quisiera ya desencantarme de esta ciudad, que no quisiéramos gastar ni en unos elotes de la calle y que al final decidiéramos quedarnos a ver el grito por televisión.
Ayer, cuando mi miedo y mi nudo en la garganta y el azar (siempre el azar) me llevaron a la plaza, miré, me dolió, vi las velas y las flores secas, las cartas, los "Morelia está despierta" puestos ahí, ahí donde fue todo, ahí donde tu y yo elegíamos cada año ponernos a salvo de la multitud, ahí donde nos gustaba por que veíamos bien, pero sin meternos entre tanta gente, ahí donde mayormente había familias y niños y nos sentíamos seguros. Ahí.

26 de junio de 2008

"Con El Tiempo Entenderás"

Tiempo es lo único que se necesita para entender... y el tiempo lo único que hace es que se olvide la importancia de entender, por que al final uno nunca entiende...

Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de
fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible.
Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me
receto tiempo, abstinencia, soledad.

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana?
No es mucho, mi es poco, es bastante. En una
semana se pueden reunir todas las palabras de amor
que se han pronunciado sobre la tierra y se les
puede prender fuego. Te voy a calentar con esa
hoguera del amor quemado. Y también el silencio.
Porque las mejores palabras del amor están están entre dos
gentes que no se dicen nada.

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y
subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que
te quiero cuando digo: "qué calor hace", "dame
agua", "¿sabes manejar?,"se hizo de noche"... Entre
las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he
dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te
quiero".)

Una semana más para reunir todo el amor del
tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que tú
quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No
sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para
entender las cosas. Porque esto es muy parecido a
estar saliendo de un manicomio para entrar a un
panteón.

J. Sabines

18 de junio de 2008

Doña Luz

Llegó a casa como por accidente. Coincidió que mi papá tenía que dar un banquete. Coincidió que ella había perdido el trabajo en "Los Flamingos". Coincidió también que después del banquete la necesitamos en casa.

La sirvienta... era el nombre que le dábamos a quien se ocupaba de ese trabajo; y la sirvienta fue el nombre que le dimos a ella.

Sin embargo Doña Luz fue entrando lentamente en nuestras vidas, lento como caminaba, lenta y sigilosamente como entraba a nuestra casa cada mañana.
Y se formaron rituales (hábitos también les dicen) en los que ella se volvió imprescindible: muñeca ladrando desde el primer momento que ella entraba a la casa... todos los días... las plantas del patio que crecían, verdeaban y floreaban solo bajo sus cuidados y regaños. Y la exquisita comida.

Siempre me llamaba, ya estuviera yo viendo la televisión, haciendo la tarea, cualquier cosa, para probar lo que estaba haciendo. Ella sabía que mi debilidad era "meter los dedos" en la olla. Yo sabía que su debilidad era que "le chulearan" su comida.

Como fueron pasando los años se fueron haciendo cotidianos los tamales de chipilín, los frijoles de la olla, el mole y los chiles rellenos que no picaban nada, las aguas frescas, el arroz rojo, el pollo asado casero.

Se fueron haciendo cotidianos también los trastes de Doña Luz, que a diferencia de los que habían en casa (utensilios de alta cocina de acero inoxidable que usaba mi papá) aportaban a los guisos la calidez y el sazón del barro, la madera y la edad. "Haga los frijoles en la olla presto" insistía mi papá, "los hace en un ratito y no gasta tanto gas". Pero ella sabía que la lentitud de su olla de barro, cociendo los frijoles toda la mañana, inundando la casa con olor a chipilín era ingrediente básico de nuestra comida, de nuestra casa.

La sirvienta, era el nombre que le dábamos a quién se ocupaba de ese trabajo. Para ella no era un trabajo, para nosotros dejó de serlo con el tiempo y se volvió sencillamente Doña Luz.
Nunca quiso sentarse con nosotros a la mesa, había que insistirle. Había que insistirle también para que fuera al médico si se enfermaba...

Fue envejeciendo a nuestro lado, en nuestra casa.

Llegó un momento en que únicamente cocinaba y atendía las plantas, hubo que pagar a alguien que le ayudara con el resto, hubo que contratar a una sirvienta.

Llegó a casa como por accidente, casi como por accidente se fue.

Tres médicos la vieron. Los dos primeros no encontraron que tenía, el tecer médico lo encontró sin darse cuenta o sin darnos cuenta a nosotros de la gravedad de su estado. -Hepatitis- dijo- únicamente vitaminas y dieta.

Se quedó en su casa. Tenía mucho dolor y cansancio y un color amarillo que mezclado con el oscuro cenizo de su piel daba un color de muerte.

Estaba animada, fuimos a verla ese día, a llevarle más vitaminas, a reanimarla. Estaba de pie, feliz de verme (yo no vivía más ahí, estaba de vacaciones), lloraba de la emoción.

Dijo que sentía que moriría, mi mamá la tranquilizó. No podía ser, ya estaba siendo atendida. Mi mamá había pagado un médico especialista para que la atendiera, después de que ninguno de los médicos del servicio público pudo ayudarla.

Esa noche murió. Una mezcla de sentimientos se desataron cuando mi mamá entró al cuarto esa madrugada.

Lloramos. Nos llenó la tristeza. -¿Qué te pasa? ¿Qué tienes?- Murió Doña Luz- ¿Quién era? - Pues ella era... ¿la sirvienta? ¿la señora que trabajaba en mi casa? ¿Mi nana? (tengo 21 años!)

No hubo palabras, murió Doña Luz. Así sin explicaciones. Así como por accidente. Así como llegó.

¿Cuál es el nombre que se le da a quien cuidó de ti, de tus plantas, de los tuyos? ¿Qué nombre tiene quien estaba en casa, sin palabras sabias ni consejos de vida, pero con una buena sopa de lentejas que te cambiaba la existencia, o unos duraznos en almíbar con propiedades terapeúticas?
Qué pobre es el lenguaje a veces, que no tiene la palabra para explicar, para explicarla a ella. Que rico y qué ingenuo es a veces, que de forma azarosa la llamó desde siempre lo que siempre fue: Doña Luz.

23 de febrero de 2007

Where Have All The Flowers Gone?

Fui a buscarTE, creo que fui más bien a buscarNOS, en verdad creo que no supe lo que estaba buscando a ciencia cierta.
Y en vez de encontraTe, sucedió que encontreLOS. Y la cuestión no fue solo de tu lado, tampoco era yo la que te buscaba, ahora éramos nosotros buscándote... perdón, buscándolos.

Qué quería yo encontrar realmente? Quería encontrar eso que estuvimos platicando, recordando las hazañas, las complicidades, algunas solo las pensé (las pensamos??) los otros no entenderían. Míseramente solamente pudimos remembrarlas, narrarlas como buenos tiempos, pero no hicimos del encuentro ninguna hazaña, nada que pueda ser narrado con sonrisas, con nostalgia.

Podía yo encontrar eso que quería? Qué tonta, qué ingenua, eso ya no existe, ya no es de este tiempo, antes éramos tu y yo prostituyendónos por un café, sobornando a un policía con 20 pesos, sentados en un oxxo a las 3 de la mañana.... fue penoso incluso decirlo, eso no significa nada para nadie, ni siquiera para los otros que compartían la mesa con nosotros, los que ahora comparten nuestra existencia.

Ya no pude llamarte, no quise llamarte con él, no quise que respondieras con ella, además... qué iba a decirte?? "Bueno, ahora sí, ya cuéntame quién eres ahora?"

Qué lejos me siento, qué ajena, qué vergüenza me da mirarme a veces tan lejos de los qué eramos ahí, entonces.

My Friend of Misery, espero que nuestro paisaje nos esté esperando intacto (un oxxo en una calle oscura a las 3 de la mañana??) pero no sé hasta que punto está intacto sin nosotros...

10 de noviembre de 2006

testigos que uno no elije. Testigos que están ahí para presenciar los procesos propios, o las circunstancias de la propia vida, y que están ahí: incómodos, inoportunos, inadecuados, inútiles. La vida no tiene buena dirección ni fotografía la mayor parte del tiempo. Cuando uno atraviesa una tragedia no hay colores fúnebres, ni música leve, ni calles desiertas, ni lluvia gris: por el contrario, hay gente llamandote, vecinos riendo, trabajo que espera, dolor en la tripa, luz y color.

Hoy mi jefa se despidió de nosotros por que va a tener una hija, estaba pasando por un bello proceso de vida y nosotros fuimos testigos de su emoción, de su ilusión, de su esperanza, de sus lágrimas. Nosotros, que no entendemos la cuarta parte de lo que ella vive, nosotros que estabamos ahí con lágrimas en los ojos que no son sus lágrimas, sino lágrimas propias acumuladas, de propios procesos, de propios dolores o esperanzas.

Yo también pasaba por un proceso, yo estaba "cabrona" con la vida que elegí vivir, la vida que mi propia inmadurez no me permite llevar con más ecuanimidad y estallaron también mis lágrimas. Tristemente ahí estaban los testigos, presenciando mi nudo en la garganta, mis ojos vidriosos, mi frustración.

Tristemente estaban también la gente llamando, el trabajo que espera, formatos que llenar, pendientes que cumplir, un "baby shower" al que debo acudir, un auto que pasará por mi en unas horas y la vida que sigue a pesar de mi incapacidad.

2 de noviembre de 2006

Dear World:

Go the hell.

Best regards,

Me.



Wait, They don`t love you like I love you